Aquellos tiempos sin sentido
De batallas sin ganar, ni dineros que robar
Gobernadores, reyes incautos,
Maldecidos por la fe.
Aquellos creyentes sádicos y codiciosos,
Son el alma de bellas civilizaciones marchitas
Donde para asesinar a tu madre te disfrazas de hijo,
Pero en la aurora de acuarios solo vez lo vulgar.
Acércate, aquí somos todos viles aldeanos con poder
En la avaricia descansa
La crueldad que se contagia con tu pasión,
Cuando eres el descriterio faltante en este perdón.
Días profanos en una muerte segura
Buscas lo abstracto donde se encuentran las hadas,
Cada deseo prohíbe la idea en lo divino
Es lo calido de una rebelión contra el caído.
Nada acoge dentro de la cruel arrogancia
Los que buscan respuestas en la vida de esa niña,
Pero ella esta destinada al clérigo de una esquina,
Donde enmudecen la inocencia con cánticos y rezos
Basados en la celestial polvareda de asco y violación,
Saca ese cuchillo, es hora de comenzar una rebelión.
Alan B. James.
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