sábado, 20 de agosto de 2011

Conciencia en penumbras.

El asesino tomo su pala y camino al infinito,
Arrepentido de los hechos cometidos, huyo al vacio,
La oscuridad le brindaba mayor tranquilidad
Su conciencia imploraba el arribo del mar.

Entre arboles miro los ojos de aquel manto,
Manos tibias que enrojecían por el ardor,
Las ideas le traicionaban en cada bocanada de aliento
Sintiendo como el cuerpo lograba la mimetización,
Entre la oscuridad de su mente y el sofocante olor.

Siguió su camino entre gotas que le limpiaban el rostro
Era como un baño de gratuidad angustiosa,
Un verano frio dentro de la traición,
Donde la locura de esos niños giraba aun a su alrededor.

La mirada perdida en el final de los caminos
En las fronteras de luz,
En la punta de aquel deslumbrante olvido
Que le ofrecía un cigarro manchado en dolor,
Extrañas manos recorrieron las desesperadas tierras del perdón,
Donde  sus pasos cada vez más pesados le impedían bondad.

Arena en sus botas y pantalones ajustados
La camisa entre cuadros y un sombrero artesano,
En su mano una pala y en la otra un cigarro.

El peligro que le ofrecía el próximo pueblo era la ansiada locura,
Deseosa de engendrar mas duda en su interior,
Hacia la carretera de lo desconocido
Cabalgando en las serpientes del campo,
Era el hombre de los pensamientos vagos.

El frio bajaba entre las vertientes,
Pero el desierto no le brindo abrigo a su odio,
El arrepentimiento era el último sendero
En aquel transporte que lo seguía desde que salió a caminar.

Se lograba ver al asesino tras el volante de su vida
Arrebatando mascaras de aquella galería,
Para sofocar el aliento de la inocente  victima,
Que se refugiaba en el fondo de la macabra conciencia.

Ideas sangrientas que azotaban sus sueños,
Al final del camino se encontraba el ancestro,
El hombre tomo su oportunidad y con la pala escapo,
Asesino al volante en la carretera de lo desconocido
Recorre el sendero de la culpa,
Sin siquiera haberse movido.



Alan B. James.

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